martes, 22 de septiembre de 2020

Los límites del arte

Ofelia se fue de la fiesta con los brazos cruzados, no quería que la noten, pero podía incendiar ese lugar con la mirada. Él logró ver que no estaba bailando como lo estuvo casi toda la tarde, fue a buscarla al paradero, pero ya se había ido. La encontró caminando a unas cuadras del lugar.

Se puso a lado de ella, como si la conociera de años, no recordaba que solo hace un par de meses ella le dijo su nombre tímidamente. Pensó que era la primera vez que la veía triste o molesta, no lograba identificar bien qué sentía ella, solo sabía que algo no estaba del todo bien.

Ofelia seguía con los brazos cruzados por las avenidas. Pensaba en por qué él no decía nada y solo estaba a su lado, acompañándola. Paró de golpe y le preguntó hasta dónde la acompañaría, con un tono rudo, como para ahuyentarlo a pesar de que eso era lo menos que quería. Él le dijo que hasta donde ella se lo permitiera. Ofelia solo lo quedó mirando, extrañada, cuando ella se comportaba así todos se alejaban, estaba acostumbrada y cansada de esa rutina.

Él le preguntó si estaba bien. Ella no pudo contener la mirada en la suya, él la abrazo, nuevamente, como si la conociera de años. Ofelia se sintió extraña, pero no quería que él lo deje de hacer. En unos minutos las mejillas de Ofelia estaban empapadas de lágrimas: Ella no está segura si era de emoción, tranquilidad o felicidad.  Esa tarde, esos meses y esos años conversaron tanto, que se conocieron hasta que ambos entendían sus propios idiomas.

– Fue lo más parecido a llegar a casa, esa sensación de estar en el lugar y tiempo correcto, de ser parte del mundo entero, de encontrar todos los sentidos–  Ofelia me contaba, sin intentar disimular su sonrisa.

–He intentado y seguro, seguiré intentando encontrar mi emoción en canciones o poemas, como suelo hacerlo, pero no la encuentro. Por supuesto, intenté escribir o componer algo y se me es imposible, nada se le asemeja- Me contaba, mientras tomaba una copa de vino y me mostraba sus escritos.   

Ofelia aún busca retazos de poemas o algunas canciones para expresar todo lo que sintió, pero no lo encuentra. Me pidió que escriba esto porque ya no lo puede contener en ese lugar en el que sus emociones se atoran, pero cuando me contó sobre él y ella, supe que hasta el arte tenía límites y que hay emociones que son mucho mejor solo sentirlas; sin palabras, sin música, solo sentirlas, que su sola experiencia completa toda la existencia.

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