Ofelia se fue de la fiesta con los brazos cruzados, no quería que la noten, pero podía incendiar ese lugar con la mirada. Él logró ver que no estaba bailando como lo estuvo casi toda la tarde, fue a buscarla al paradero, pero ya se había ido. La encontró caminando a unas cuadras del lugar.
Se puso a lado de ella, como si la conociera de años, no recordaba que solo
hace un par de meses ella le dijo su nombre tímidamente. Pensó que era la
primera vez que la veía triste o molesta, no lograba identificar bien qué
sentía ella, solo sabía que algo no estaba del todo bien.
Ofelia seguía con los brazos cruzados por las avenidas. Pensaba en por qué
él no decía nada y solo estaba a su lado, acompañándola. Paró de golpe y le preguntó hasta dónde la acompañaría, con un tono rudo, como para ahuyentarlo a
pesar de que eso era lo menos que quería. Él le dijo que hasta donde ella se lo
permitiera. Ofelia solo lo quedó mirando, extrañada, cuando ella se comportaba
así todos se alejaban, estaba acostumbrada y cansada de esa rutina.
Él le preguntó si estaba bien. Ella no pudo contener la mirada en la suya,
él la abrazo, nuevamente, como si la conociera de años. Ofelia se sintió
extraña, pero no quería que él lo deje de hacer. En unos minutos las mejillas
de Ofelia estaban empapadas de lágrimas: Ella no está segura si era de emoción,
tranquilidad o felicidad. Esa tarde,
esos meses y esos años conversaron tanto, que se conocieron hasta que ambos
entendían sus propios idiomas.
– Fue lo más parecido a llegar a casa, esa sensación de estar en el lugar y
tiempo correcto, de ser parte del mundo entero, de encontrar todos los sentidos–
Ofelia me contaba, sin intentar
disimular su sonrisa.
–He intentado y seguro, seguiré intentando encontrar mi emoción en
canciones o poemas, como suelo hacerlo, pero no la encuentro. Por supuesto,
intenté escribir o componer algo y se me es imposible, nada se le asemeja- Me
contaba, mientras tomaba una copa de vino y me mostraba sus escritos.
Ofelia aún busca retazos de poemas o algunas canciones para expresar todo
lo que sintió, pero no lo encuentra. Me pidió que escriba esto porque ya no lo
puede contener en ese lugar en el que sus emociones se atoran, pero cuando me
contó sobre él y ella, supe que hasta el arte tenía límites y que hay emociones
que son mucho mejor solo sentirlas; sin palabras, sin música, solo sentirlas,
que su sola experiencia completa toda la existencia.
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